 |
LA EDAD MUNICIPAL
CIVITAS CASTELLI
Cerca del año 1100, cuando se convirtió en libre Municipio (el primer cónsul fue Cassolo en 1167) con su propio ordenamiento y una amplia jurisdicción (desde Cortona hasta Mercatello, desde Borgo San Sepolcro hasta Urbania), Città di Castello fue, a la vez, bajo el dominio de la Iglesia y el del Imperio.
Recobrada su autonomía, la ciudad adquirió mucha influencia política y se convirtió en un centro neurálgico entre Perusa y Arezzo. Sufrió la soberanía de los dos grandes poderes de la época, los Güelfos y los Gibelinos, con pequeños paréntesis de libertad.
Después de la larga soberanía de Federico II, la ciudad se unió a Florencia y volvió de manera definitiva bajo el control del Estado Eclesiástico; pero en esta época aún se daban momentos de sublevación gibelina y algunas tierras seguían bajo el dominio longobardo.
Desde 1527 hasta 1283 la ciudad (que ya desde 1230 se llama Civitas Castelli) empezó su expansión y el número de las Puertas (denominadas Capitananze) aumentó (de cuatro a diez), según la división del territorio. Las primeras décadas del siglo XIII fueron las de la fase consular. El Estatuto Municipal de 1261 otorgó amplios poderes al Capitán del Pueblo (elegido por el Consejo General) en detrimiento de los del Alcalde. En 1270 se liberaron a los siervos de la gleba, tres años después la ciudad se dio un nuevo estatuto con nuevos organismos de gobierno.
En 1323/1325 la ciudad cayó bajo el poder de la Señoría Tarlati de Pietramala, Gibelinos de Arezzo; mientras tanto el dominio de la Señoría de los Malatesta de Rimini llegaba hasta Borgo San Sepolcro. En este período, aumentó la injerencia de Florencia en los asuntos políticos de la ciudad; los señores de Florencia eran parientes de los Malatesta y amigos de los Pietramala, de los que los ciudadanos de Civitas Castelli (llamados Tifernati, nombre usado aún hoy) se liberaron con la insurección de 1334.
La gran potencia alcanzada llevó también a un considerable desarrollo económico, que fue la base de la inmensa importancia que la ciudad logró durante la Edad Media y, sobre todo, el Renacimiento.
El Estatuto de 1336 dejó la ciudad en manos de ocho priores; a mediados del siglo XIV apareció la figura del vicario (nombrado por el comisario pontificio); en 1371 se formó el consejo de los "otto di balìa". En el territorio había 56 corporaciones de las Artes y los Oficios (como sastres, zapateros, curtidores, tintoreros, peleteros y podadores entre otros), gobernadas por estatutos especiales. La corporación de los laneros alcanzó una gran importancia. La difusión de talleres para la manufactura de los tejidos atraía a mercaderes de Florencia, gracias también a los buenos lazos de amistad con esta ciudad. Ya a finales del siglo XIII, la familia Vitelli (que se convertiría en la familia más importante de la ciudad), se dedicaba a esta clase de actividad comercial.
La Universidad de los Laneros alcanzó un alto grado de prestigio y el Ayuntamiento le donó el hospital de S.Giacomo que se encontraba en la calle que aún hoy conserva el nombre de antaño.
Además de notarios y abogados reunidos en su propia Orden, en la ciudad trabajaban también carpinteros, herreros, alfareros, pedreros, orfebres, tejeros, barberos, verduleros y leñadores. Mientras tanto, en el condado, la aparcería sustituyó la economía tradicional.
|